Madreadictas

Llegaron las vacaciones de invierno… y con ellas los sentimientos de culpa de las madres que trabajamos y que sentimos que no podemos darle a nuestros hijos todo el tiempo, actividades, entretenimientos, momentos divertidos y atención que se merecen y que en época escolar reemplazamos con el colegio y el sinfín de actividades a las que solemos recurrir para que “no se aburran”.

Puedo asegurar con conocimiento de causa, a partir mi propia experiencia (y no digo lamentablemente porque todo sirve para aprender, sobre todo los propios errores) que entramos en una psicosis por mantenerlos ocupados, y cuando no lo logramos nos vamos a nuestros respectivos trabajos u ocupaciones, preocupadas y culposas ya que no estaremos para entretenerlos, jugar con ellos, o a lo sumo, aburrirnos también a su lado, como una inyección de solidaridad con su estado supuestamente lamentable de no saber qué hacer, a que jugar o en que actividades pasar el tiempo.

niño sano jugandoDetengámonos a reflexionar un instante, ¿Qué es lo peor que le puede pasar a nuestros hijos si se aburren durante 15 días? ¡¡¡Absolutamente NADA!!! ¡¡Al contrario, esto puede y seguramente será muy productivo para ellos!! No sólo descansarán, sino que también comenzarán a usar su creatividad buscando nuevos juegos y entretenimientos por sí mismos.
Ahora mismo, mis hijas, después de estar durante 90 minutos insistiendo alrededor mío que estaban aburridas (¡en su primer día de vacaciones!), cuando entendieron por fin que ya no se prendería la tele hasta la tardecita y que mamá debe trabajar aunque a ellas eso no les divierta, inventaron una cancha de polo en el jardín, con arcos hechos con vasos de plástico, y tacos de palos de árboles y una pelota hecha con papel y bolsas de supermercado, y están corriendo y jugando como si fueran “ginetas”, muertas de risa y olvidando todo su aburrimiento inicial.

Así, todo ese estado culposo y el remordimiento por no “cumplir el rol de madre” que conceptualmente nos ha impuesto esta sociedad, dio paso a un enorme alivio por confiar en el instinto y sentido común que probablemente todas tenemos.
Dejemos a nuestros hijos que se aburran, dejemos que inventen, que se valgan por sí mismos. Pero sobre todo, dejemos esa adicción que solemos llevar a cuestas, de querer controlar todo en sus vidas, de estar para solucionar todos sus problemas, aun cuando no los hay realmente, esa adicción a programar sus días minuto a minuto, de llenarlos de estímulos y actividades, de hacer masa, preparar pinturas, proveerlos de juguetes de todos los colores, tipos y sonidos.

Dejemos que sean niños, que inventen, que prueben, que se ensucien, que desordenen, que exploren. Dejemos que se aburran!! Pero eso sí, estemos aunque sea un rato todo los días, para poder ver los resultados de eso, ojalá con ellos mismos. En eso sabrán que, aunque no compartamos con ellos todo el tiempo, seguimos estando presentes.

 

Y de habilidades sociales ¿Cómo andamos?

A veces me encuentro con mamás con niños pequeños, que cuando te miran con cara de pocos amigos y a modo de saludo expresan un gruñido poco amistoso, si es que se dignan a mírame, por supuesto…. Pero si eso me llama la atención, todavía más me asombra cuando su mamá justifica a su encanto diciendo: “es que es tímido” … no señora, me dan ganas de decirle, su hijo no es tímido, es maleducado. La timidez no tiene nada que ver con educar. Un niño tímido saluda, se sonroja, sonríe con vergüenza, aunque no se le obligue a dar un beso, y así de a poco, irá venciendo ese aspecto de su personalidad que, de no ser así, dará paso a situaciones más invalidantes en las relaciones con sus pares, ni que decir con el sexo opuesto al inicio de la pubertad.

Las habilidades sociales también deben formar parte de la educacadolescente presion sexualión que se da en casa, sobre todo hoy, cuando la tecnología parece llevarse por delante las pautas básicas de relación entre seres humanos: mirar a los ojos en una conversación, respetar los turnos en el habla, escuchar atentamente lo que me dicen, llamar por teléfono si quiero invitar a alguien a mi casa, solicitar ayuda frente a frente si tengo un problema, jugar un juego de mesa interactuando con los otros participantes en la vida real, pedir permiso, dar las gracias, sonreír, saludar al llegar y despedirme al salir.

Estas habilidades básicas que hacen a la relación entre las personas se han ido perdiendo de tal manera que entrar a un aula y tomar lista mirando a los ojos a cada alumno, a veces les parece intimidatorio, saludar al chofer del colectivo al subir, devuelve una mirada de desconfianza, sonreír a la señorita que te vende el pan parece ponerla incómoda, llamar a la casa de alguien para invitarlo a la nuestra, resulta desubicado, decir buenas tardes al vecino de enfrente cuando se baja del auto aparenta un ataque al espacio personal… o incluso, cuando alguien quiere confiarte algo importante, no lo puede hacer personalmente, sino a través de las letras en una pantalla.

¿Qué le estamos enseñando a nuestros hijos? ¿Qué va a ser de esos momentos maravillosos que nosotros vivimos, cuando pasábamos horas hablando por teléfono con quien te gustaba, sentados en el piso y no queríamos cortar nunca? ¿O cuando en vez de mandarte un mensaje de WhatsApp avisando estoy afuera, quien te buscaba se tenía que bajar del auto y pasar el momento tan difícil pero tan rico para su formación como persona, de tocar el timbre, mirar a los ojos al padre y saludar con un fuerte apretón de manos? Nos asombramos de que los jóvenes toman alcohol a edades cada vez más temprana, pero ellos mismos dicen que ese es el único modo por el que toman coraje para hablar con una chica o un chico que les gusta, ya que, de otra manera, no saben ni de qué hablar….
Depende de nosotros enseñar a nuestros hijos las herramientas que los ayudarán a relacionarse entre ellos mismos de manera más humana, genuina y asertiva. Los primeros años son cruciales para ello, pero claro… en primer lugar necesitan de nuestro ejemplo… ¿Cómo lo estamos haciendo?

El comienzo del cuento de hadas…

comienzo del matrimonioCada vez que veo una película o leo un libro acerca de un cuento en el que las princesas encuentran a su príncipe azul, se casan y son felices para siempre, viene a mi mente como eso generó en nosotras y lo sigue haciendo en tantas niñas y niños, la idea de que todos los males terminan al momento del matrimonio, y de que la felicidad ya está alcanzada, de que ya no hay más luchas, que hemos logrado nuestra meta.
Por otro lado, existe una teoría o creencia sobre cómo el matrimonio y la relación que uno forma con su pareja tiene una meta principal, la cual es refinarnos y sacar a la superficie nuestros defectos, para que de esa manera podamos eliminarlos y convertirnos en mejores personas. Esta perspectiva sobre el matrimonio es muy interesante, sin embargo, es totalmente contradictoria a lo que nuestra cultura nos enseña acerca del amor y del matrimonio.
Quienes nos hemos casado, llegamos al altar con ciertas ideas y expectativas que sean reales o no, determinan nuestra capacidad de ser felices durante el matrimonio. Estas expectativas acerca de la vida en común las hemos ido formando a partir de nuestra cultura, experiencias, ejemplos… y una parte importante de estas ideas creo que se las debemos a los finales felices de las películas de Disney que todos y todas hemos visto alguna vez, y de las que en realidad me declaro una gran amante y suelo disfrutar muchas veces con mis hijas.
En ellas, los finales felices terminan con el matrimonio, pero a mi parecer, a riesgo de sonar exageradamente crítica, la mejor parte de la historia debería estar escrita después de la boda ya que es después de casarnos que nuestra historia realmente comienza como pareja.
Es peligroso aferrarnos a la idea de que al casarnos seremos felices para siempre, ya que esta noción nos hace pensar que en el matrimonio es tal cual un cuento de hadas, que será perfecto, que nunca habrá discusiones, tristezas ni desilusiones. Así, llegará el momento en que algún día nos demos cuenta de ese error y estemos resentidos con la vida por ser injusta y habernos engañado de tal manera.
No me malinterpreten, creo firmemente que la felicidad en pareja es posible y se puede alcanzar. Existen muchas parejas que son muy felices, y generalmente lo son porque trabajan día a día en detalles para mejorar su relación. Por otro lado, también las hay que llevan solamente unos cuantos meses de casados y se sienten infelices, a tal grado de estar a punto de tirar la toalla.
¿Qué pasaría si la mayoría de las personas llegarán al matrimonio con la expectativa de que será algo difícil, que costará trabajo y que no todos los días serán felices? Aunque es difícil aceptarlo, también hay que reconocer que nuestro propio orgullo algunas veces será más fuerte que el cariño que le tenemos a nuestra pareja. Al entender esto sabremos que la verdadera felicidad y el gozo están al alcance de nuestras manos y que es algo accesible y tan real que lo podemos sentir y vivir. Estoy segura de que, si las parejas entendieran esto, la cantidad de matrimonios rotos disminuiría drásticamente.
La realidad es que siempre hay un punto en cada relación en donde el saber estas verdades no es suficiente, uno tiene que decidir firmemente amar a su pareja, la cual es una persona imperfecta y la cual está dispuesta a amarnos con todas nuestras imperfecciones. ¡Qué pena ver que los cuentos de hadas no muestran el momento en que decidimos amar justamente a nuestra pareja cuando es difícil hacerlo!
El matrimonio es eso, amar y decidir amar justamente cuando no queremos, cuando es difícil, cuando existe algún conflicto o diferencia y cuando es menos conveniente. Y como lo describirían los cuentos de hadas, es ahí cuando la magia realmente empieza.
Por esta razón sería muy bueno que podamos llegar a ver nuestro matrimonio como nuestro propio cuento de hadas, pero este cuento de hadas no termina el día que nos comprometimos para siempre, sino que empieza en ese momento, no porque la boda no sea mágica, sino porque la magia realmente empieza después, al transformarnos como pareja.

EDUCAR CON CONFIANZA… EN UNO MISMO!!!!!!!!!!

Es una constante escuchar que los padres de hoy no saben educar. Sin embargo, conocemos muchos padres preocupados y realmente interesados en sus hijos, en su futuro, en la mejor manera de guiarlos y sacar lo mejor de sí.

Pienso que la mayoría de estos padres saben qué hacer para ayudar a sus hijos a construir su vida con bases firmes para alcanzar la felicidad, pero las exigencias de hoy en día los hacen dudar de ellos mismos y de su propio instinto y desisten en el camino, volcándose hacia recetas o consejos que muchas veces, en el fondo de su corazón, saben que no son las mejores ni las más adecuadas para sus hijos, pero que hay que seguir, implementar, adoptar… si es que se quiere ser un buen padre en esta época tan difícil.papa con su hijo

La realidad es que cuando un padre está cometiendo un error, interiormente lo sabe. Pero muchas veces dejan de lado su propia voz interior para adoptar otras ajenas que no conocen ni su realidad ni la de su familia.

Lo más rico sería poder reflexionar y adoptar nuevas formas y maneras de educar que fueran surgiendo naturalmente: es mucho más provechoso cometer errores y aprender de ellos en el camino, corrigiendo y volviendo a empezar, que dejarse guiar por un manual que nada sabe de nuestra realidad.

Si nosotros, padres, tenemos confianza en nosotros mismos, nuestros hijos aprenderán de esa confianza, se verán reflejados, y así crecerán emocionalmente fuertes y seguros. Si les damos a ellos lo mejor que podemos sacar de nosotros mismos, ellos entenderán que son importantes y que merecen lo mejor de nuestra parte.

La dignidad de la mujer

 

 

 

 

 

 

 

 

“Mujer… eres el corazón del hogar, la educadora de la familia, en tus manos está la formación del futuro de la ociedad…”.

¡Cuánto se nos pide o se espera de nosotras las mujeres!

Sabemos de nuestro valor y de nuestra original misión femenina en el mundo, ¿Pero podremos tanto en medio de una sociedad que pareciera encargarse de forjar justamente lo contrario?

Innumerables son las amenazas del mundo y de la sociedad que atentan contra la educación de la feminidad incitando a confundirla con el feminismo, ideología nociva y degradante que se esfuerza en hacernos caer en su trampa revestida de amparo de la mujer y de lucha por sus derechos. mujer con flores

¡Pero somos más inteligentes que eso! Podemos discernir con nuestras capacidades, intuición y habilidades emocionales entre lo que nos es propio por naturaleza y lo que las corrientes ideológicas pretenden hacer de nosotras…

Eso sí.. ¡¡¡alerta máxima!!!

Porque como toda corriente masificadora, está arrastrando más congéneres de las convenientes para seguir asegurando la impronta fundamental del corazón femenino en el mundo y en la humanidad.

Nos amenazan proponiéndonos como objetos de placer y consumo; erotizando el ambiente con nuestras imágenes; motivándonos a idolatrar nuestra autonomía, libertad e independencia del compañero varón; desvalorizando nuestra vocación natural e inherente a nuestra condición femenina de dar y de entregarnos al servicio de los demás, a sacrificarnos por el desvalido, enfermo o sufriente de soledad, sean nuestros hijos o hijos de la vida o de la profesión; fomentando y sustentando nuestro éxito en la sociedad de la mano de la figura, el poder alcanzado o la fama mediática; invitándonos al uso defectuoso y desproporcionado de nuestros tiempos con las consecuentes heridas personales, familiares y en definitiva en detrimento de la sociedad en su conjunto.

¿Cómo podemos enfrentar este desafío que se ha instalado en nuestro tiempo y nos tiene a nosotras cómo protagonistas y supuestamente, agentes del cambio tan esperado, para formar “hombres nuevos para una sociedad nueva?”.

Algunas herramientas y recursos:

Autoconocimiento…. instrospección, tiempo para conocernos, para pensarnos, para meditar nuestro proyecto de vida.

Autoeducación…. esfuerzo sostenido en hacer de nuestra cotidianeidad lo mas parecido al modelo de mujer que la naturaleza sencilla y sabia nos propone.

Firmeza en los valores que elijamos para vivir, para trascender nuestra vida terrena, esos que nos hacen “mujeres fuertes, dignas, sencillas, bondadosas”… que van por la vida sembrándolos a su paso.

Testimonio de una vida noble…. buscar esos valores, elegirlos, observarlos, imitarlos, encarnarlos con la convicción de que ellos harán de nosotras un transparente forjador de acciones y actitudes enaltecedoras de la persona, de nosotras mismas y de quienes la vida ponga a nuestro lado.

Ternura en el trato y firmeza en las convicciones innegociables…. las mujeres somos capaces de tejer redes de vínculos estables  y contenedores; la ternura maternal que es de esencia femenina (aún sin tener hijos), educa la afectividad del varón, lo eleva con su don y vocación de darse íntegramente a aquel que lleva en su corazón.

Y para quienes tenemos en Dios puesta nuestra mirada y nuestro anhelo, la oración y el cultivo del espíritu son las herramientas y seguros predilectos; tenemos a María como modelo de Mujer y en sus virtudes los caminos a seguir.

¡Es tan lindo ser mujer! ¡Es tan grandiosa nuestra misión!

Contagiemos a nuestras niñas, adolescentes y jóvenes con la alegría de serlo, de enamorarse del don de la vida que conlleva en su ser femenino, animémoslas a descubrir la maravilla y los alcances de su sexualidad femenina, la plenitud de ser esencialmente mujer por el bien del mundo y el bienestar de la humanidad entera.

Silvina Lastra de Viñas

 

TU VIDA EN TUS MANOS….

joven libre

¿Qué nos sugiere el nombre que el proyecto TU VIDA EN TUS MANOS nos propone?

Nada mas y nada menos que como seres humanos tenemos el don de la libertad. Ósea que somos capaces de autodeterminarnos, capaces de buscar aquello que nos haga sentir mas plenos y mas perfectos.

Ser libres significa poder elegir, poder optar, poder hacer uso de nuestras facultades para poder decidir y actuar de una u otra forma. Podríamos definir también la libertad como la propiedad de la voluntad que está determinada a los bienes concretos.

Cuánto mejor conoce la inteligencia los bienes en juego, más fácilmente puede la voluntad elegir. Para esto hace falta interioridad. Cuando no la hay, generalmente no hacemos buenas elecciones. Tenemos libertad “de” (exterior) y libertad “para” (interior). La primera de ellas esta al servicio de la segunda y esta relacionada con las opciones que se nos presentan en la vida, y las opciones… están para elegir. Cuando la persona elige y su voluntad encuentra el objeto del bien, podemos decir que se siente plena, pues entra en contacto con el bien capaz de saciarla.

La libertad interior exige la capacidad de renuncia. La renuncia supone cierta frustración, pero la tolerancia a la frustración supone fortaleza. El que elige algo y se compromete por algo, va a ser muchísimo mas pleno.

La libertad interior se manifiesta en la responsabilidad, vale decir, en la capacidad de “hacerse cargo”. Solamente se hace cargo quien se siente “dueño” de sus acciones.

¿Qué estrategias proponemos para desarrollar hombres libres?

  • Desarrollar una sana afectividad (importancia de la familia): Equilibrio emocional, hacer que la persona se sienta valiosa. Amar es decirle a otra persona: ¡¡Qué bueno que vivas!!
  • Desarrollar la interioridad: importancia del diálogo y el ejemplo.
  • Desarrollar la templanza: importancia de la austeridad.
  • Desarrollar la fortaleza: importancia de los límites.
  • Desarrollar la autonomía.
  • Desarrollar la oblatividad: olvidarse de sí, para ocuparse de los demás.

Conclusión: La libertad no es un fin en sí mismo, sino un medio primordial para lograr la mejor versión de mi mismo y para hacer crecer a los demás.

María Ofelia Cirone

Orientadora familiar

 

AMAR COMO HOMBRE Y MUJER.

El matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer, sellada ante Dios, en el caso del matrimonio religioso, y ante los hombres en el caso del matrimonio civil, para toda la vida, para amarse y colaborar en la obra creadora de Dios.

Para que esa realidad que llamamos “matrimonio” marche adecuadamente, cada uno de los dos debe ocupar el lugar que le corresponde y alcanzar la plena madurez de lo que su vocación significa. De hecho no es lo mismo ser esposo que esposa, porque no es lo mismo ser hombre que mujer. Tienen igual dignidad, tienen igual destino temporal y eterno, tienen igual nobleza, pero son distintos y a su vez complementarios. “El corazón tiene dos movimientos, sístole y diástole, por uno se cierra y por el otro se abre; pero sólo por los dos armónicamente coordinados se mantiene en vida al cuerpo. No son iguales, Si uno falla,,. falla el corazón y muere el hombre”. Así son el hombre y la mujer unidos en matrimonio.

En esta igualdad con respecto a su dignidad, hombre y mujer son distintos en su manera de hacerse presentes, pero a la vez, complementarios: y sólo juntos hacen la “humanidad”. Y no nos referimos sólo a sus distinciones físicas, sino también por su psicología (o aptitudes psicológicas), en sí mismos, frente al mundo y frente a las personas.

De cada una de estas actitudes surgen las virtudes y los defectos que más caracterizan y distinguen a cada uno. Reflexionemos un poco sobre eso.

La mujer es más consciente de sí misma, de su apariencia y de la impresión que crea a su alrededor, De ahí que sea tienda más a la coquetería, a la vanidad, pero también al orden, a la limpieza, a la delicadeza y a los detalles de la vida cotidiana. Hay también en ella una gran unidad; y muchas veces lo que ocurre en una dimensión de su vida repercute en otra, como los problemas de su trabajo que la entristecen en su vida familiar. El hombre en cambio, aparece más dividido. Normalmente no le gusta mezclar su vida de trabajo con su vida familiar, y en general es más despreocupado del orden personal.

En cuanto a su relación con el mundo material, el hombre tiene ante el mundo una actitud de conquista, de trabajo duro; él mira las cosas que lo rodean como algo que debe vencer, que debe organizar y dominar. Tiene así una tendencia a imponerse al mundo. La mujer, en cambio, frente al medio en que vive tiene un gran respeto; su cualidad es principalmente la aceptación. El hombre utiliza las cosas, la mujer las considera y las acepta. Así, por ejemplo, cuando el varón y la mujer se ven obligados a obrar con valor ante la adversidad, él es más apto para el acto de fortaleza que consiste en “atacar” y ella para el acto de la fortaleza que consiste en “resistir”. El varón es capaz de dar la vida por defender a su esposa e hijos, pero queda muchas veces anulado si la vida le exige cuidar para siempre a una esposa o un hijo inválidos. Por el contrario, la mujer llevaría con heroísmo incalculable esta tragedia aunque no tenga fuerzas para defenderse si la atacan.

También en la actitud frente a las personas ocurre una cosa semejante. La mujer suele ser más una presencia discreta, disponible, más afectiva, más paciente; tiene tendencia a proteger y a abrigar la vida frágil. El hombre tiene más tendencia a organizar a los demás, a orientar, guiar. Es la actitud propia del jefe.

Así mismo son distintos en sus modos de conocer y de mirar la realidad. El hombre ve lo esencial, las grandes líneas, la ordenación de las cosas, su relación, y es menos sensible a los detalles. Es como un dibujante que sólo retiene los rasgos generales. La mujer ve las cosas captando los detalles, no quiere dejar nada de lado, como si fuera un fotógrafo. También razonan distinto: el hombre es más calculador, más frio, más razonador. Es lento para ponerse a buscar la verdad, pero rápido para encontrar certezas cuando se decidió a buscarla. La mujer, en cambio, es más intuitivita; capta más globalmente; hoy se suele decir: “piensa con el corazón”. El razonamiento “afectivo” es muy importante y se da más en la mujer.

Teniendo en cuenta estas particularidades, ¿Qué decir de varón y mujer cuando se convierten en esposos?

El varón desempeña dos funciones: ser esposo y padre (tanto en el orden físico como en el espiritual). Ser esposo significa ser “cabeza” de un hogar.

Su mayor dignidad consiste en ser padre. Esto quiere decir que debe ejercer sobre su familia la tarea de gobernar, de ser providente y previsor, de guiar amorosamente a los suyos, de vigilar la educación de sus hijos. El padre de familia es un artista que debe esculpir en el alma de sus hijos la imagen de Dios. Debe conducirlos a la madurez psicológica y afectiva.

Por otro lado, la mujer en el matrimonio es fundamentalmente esposa y madre (tanto en el orden físico como en el espiritual).

Ser esposa significa aportar al matrimonio todas esas enormes cualidades que a una mujer da la auténtica femineidad. La mujer es la “señora” de la casa. Es la que hace que el hogar sea “hogar”, es decir, algo cálido, agradable y acogedor. La mujer es la que está en los detalles y puede poner la cuota de afectividad que es necesaria para la felicidad. El esposo es la cabeza, pero la esposa es el “corazón”. Si la cabeza anda mal, la familia muere infartada. Cada uno aporta lo suyo, porque son dos partes complementarias.

Sin embargo, la más alta misión de la mujer es la maternidad. Es el don más grande que Dios le ha dado. Sólo ella puede gestar en su seno un nuevo ser. Sólo ella es capaz de dar los detalles psicológicos y afectivos del hijo, ya sea biológico o espiritual. En el hogar ella representa la imagen de la fecundidad, y por lo tanto de la vida, de la alegría y el gozo.

Hombre y mujer son distintos pero complementarios. Juntos complementan la imagen de Dios. El hombre es más perfecto mientras más hombre es. La mujer es más perfecta mientras más mujer es. Y sólo serán más hombre y más mujer mientras más se atrevan a mirar e imitar a Jesús y María, los más grandes y perfectos ejemplos de humanidad.

Bibliografía:
Miguel Ángel Fuentes. Los hizo varón y mujer. Ediciones del Verbo Encarnado.
Miguel Ángel Fuentes. Elogio de la mujer fuerte. Colección Virtus. Ediciones del Verbo Encarnado
Juan Pablo II. Familiaris Consortio.
Catecismo de la Iglesia Católica.
Edith Stein. La mujer: su papel según su naturaleza y su gracia.

¿REALMENTE CONOCEMOS A NUESTROS HIJOS?

Realmente conocemos a nuestros hijos?
Nos tomamos el tiempo no sólo para estar y conversar con ellos, sino también para observarlos?

La observación es una herramienta muy poderosa, nos permitirá conocer sus fortalezas y debilidades, sus inclinaciones, sus gustos y preferencias, sus miedos y las actitudes que estos producen.

No dejemos de mirarlos en silencio. Cuando no nos ven, cuando estamos a su lado, de cerca, de lejos, cuando estudian, cuando juegan, cuando cumplen sus rutinas.

Pero sobre todo cuando duermen… Ese momento mágico donde podemos reflexionar mirando sus caritas tranquilas, sobre nuestra labor de padres y madres, podemos plantearnos nuevos propósitos, podemos pensar profundamente en todo lo que nos dan y en todo lo que necesitan. Pero sobre todo ese momento íntimo entre nosotros, ellos y Dios, donde podemos ponerlos en sus divinas manos y pedirle a nuestra Madre Santísima que los proteja y que nos ayude a ser cada día mejores personas para así ser mejores padres.

PAPÁ, TU HIJO Y TU HIJA TE NECESITAN…

En ocasiones escucho a los papás decirme con alegría que disfrutan estar con sus hijos e hijas, compartir tiempo con ellos, ir a los actos del colegio y verlos interpretar los papeles de su vida, estar en los festejos de sus cumpleaños, organizar paseos, hacer deportes y encargarse de llevarlos y traerlos de sus tantas otras actividades.

Es evidente que el cambio del paradigma que se refiere a la función paterna en el mundo de hoy, debida en parte al nuevo lugar que ocupa la mujer en la familia, le da la posibilidad de adaptarse y vivir la paternidad implicando a fondo su vida y no sólo como proveedor. Esto conlleva la conciliación de las labores hogareñas de los esposos que deben acomodar sus horarios laborales a sus tareas de padres y madres

Todo esto está muy bien y muchas veces se hacen evidentes los esfuerzos de tantos matrimonios por hacerlo de la mejor manera posible, tratando de encontrar ese equilibrio que les permite establecer las prioridades y poder llevar a cabo ese plan familiar que sin dudas es pensado como un proyecto de vida.

Además del rol de proveedor que tradicionalmente conlleva, porque, aunque a muchas o muchos les pese, está en la naturaleza masculina el cuidado y protección de su prole, esto incluye la alimentación y el abrigo o vestido; esta naturaleza protectora también se traduce en la seguridad y confianza que el padre trasmite a los hijos. Es él quien aplica en el ámbito familiar las reglas sociales de conducta, administra la justicia e indica el camino a seguir. Ama al hijo en sí mismo y goza viéndolo crecer en libertad, desarrollando una sensibilidad hacia el niño y el joven en general, hacia sus problemas y necesidades, no sólo biológicas, sino sobre todo psicológicas y afectivas, pero a la vez les da a un esquema de conducta con propuestas concretas, poniendo los límites; no en vano muchos de nosotros hemos escuchado a nuestras madres decir: vas a ver cuando llegue tu padre… Esto es así por naturaleza y fue así desde hace muchos siglos.

Así mismo, si bien es mamá la que durante los dos primeros años pasa la mayor parte del tiempo con sus hijos e hijas, satisfaciendo necesidades primarias, el papel de papá es primordial, ya que sus caricias, besos y los primeros juegos dejan una impronta determinante en el desarrollo neurológico y afectivo de los hijos. Pero aún más importante es esa figura paterna que sobre todo a partir de los dos años se reafirma imponiéndose con firmeza, transmitiendo límites, disciplina y valores con ternura, pero coherentemente.

Por otro lado, también vemos cada vez más, que se producen desajustes que desorientan no sólo a los hijos, sino también al padre, donde su rol tradicionalmente aceptado y considerado como tal se ve desdibujado y en ocasiones minimizado. En este caso, este padre de familia que intenta ubicase dentro de este nuevo esquema familiar no logra hacerlo, no encuentra el apoyo de su compañera por un lado, no sabe cómo cumplir su papel de padre y papá, y más que transmitir la autoridad y ternura que es clave para sus hijos, se convierte en el amigo piola que siempre está, sí, pero desdibujado o en un papel equivocado que no alcanza a cubrir las necesidades que debería.

Este cambio en su actuación actual que tiene muchos aspectos positivos, ha logrado, en ocasiones, que el padre deje de tener la autoridad que le compete para pasar a ser un par que ocasionalmente da algún consejo canchero, que el tiempo que pasa con sus hijos sea exclusivamente de juego vacío y ausente de la transmisión de valores y confianza que los hijos esperan; esto no puede dejar de marcar a toda una generación que se va sintiendo abandonada ante la ausencia de aquel que no puede ser reemplazado por ninguna otra persona.

Así nos encontramos con niños y niñas indefensos, que no encuentran esa imagen fuerte que necesitan, que les ponga los límites con firmeza y ternura a la vez, que les muestre lo maravilloso que es enfrentarse al mundo, con cautela pero sin temor. No se ven reflejados en la persona que debería trasmitirles los valores necesarios para vivir rectamente y haciendo uso responsable y pleno de la libertad.

Estos padres amiguistas que no saben decir no, muchas veces porque en el fondo se conocen faltantes del tiempo y dedicación hacia las personas más importantes de su vida, no alcanzan a comprender el gran daño que implica esta ausencia en su vida.

Tan pero tan importante es esta figura de autoridad en los niños, que su falta puede provocar desarreglos emocionales severos en la financia y en la adolescencia, fracasos escolares, dificultades cognitivas y en ocasiones hasta psicopatologías asociadas con el aumento de alcohol y sustancias toxicas, llegando incluso, según estudios recientes a aumentar los niveles de conductas delictivas.

No olviden papás, que su figura es preponderante en casa. Los límites y la autoridad si bien son compartidos, constituyen el papel esencial de su rol de padres. La transmisión de valores como la ética y moral, el uso de la libertad responsable, la obediencia a las reglas, la lealtad, entre otros, se transmiten a través de su ejemplo y disciplina que no por ser firme tiene que dejar de ser amorosa. No abandonemos a nuestros hijos, ellos los necesitan tanto como a mamá. ¿Amigos? Ya los tienen o los tendrán si ustedes saben cumplir el rol que viene implícito desde el momento en que se convirtieron en padres.