CÓMO INFLUYE LA MÚSICA EN NUESTROS HIJOS…

Ah, la música, como nos gusta escucharla, cantarla, soñarla, imaginarla… La mayoría de nosotros tiene en su memoria situaciones de la propia vida que vienen a la memoria cuando escuchamos una canción, nos transportan y nos llevan a revivir otras épocas, esos recuerdos….

La música influye indiscutiblemente en nosotros, en nuestras conductas, en nuestro modo de relacionarnos, en nuestros valores, en nuestra manera de amar. Aristóteles decía: “la música imita directamente las pasiones o estados del alma”. Es así que cuando escuchamos música romántica, dependiendo de lo que diga la letra nos sentimos nostálgicos por el amor perdido, o felices por haber encontrado al amor de nuestra vida.

Sabemos que la música tiene gran influencia en las conductas y emociones de todas las personas en general, pero de los niños y de los adolescentes en particular, ya que son los principales consumidores de ella. No en vano la gran mayoría del mercado musical va dirigido a ellos.

Como padres muchos nos preocupamos, y con gran razón, por lo que ven nuestros hijos en televisión, en cine, en internet. Ponemos filtros y bloqueamos canales para cuidarlos y no exponerlos a contenidos violentos o sensuales que puedan dañar o influir en su conciencia. Tenemos claros los valores que queremos transmitirles.

Pero, ¿Qué pasa con la música? Más de una vez se me han retorcido las tripas al ver a un padre festejar el baile de su hija de 4 o 5 años, imitando a Shakira, con sus movimientos claramente sexuales, incentivándola y aplaudiendo “su gracia”, como si estuviera cantando Manuelita la tortuga con toda la inocencia de su niñez.

No tomamos conciencia de que mucha de esta música que también entra en nuestra casa actúa como veneno que va llenando la mente y el corazón de nuestros hijos, y porque no, el nuestro también. Es la música uno de los principales elementos para la formación cultural y tiene gran influencia en la conducta y emociones que reflejamos los seres humanos.

Hoy principalmente está de moda el reggaetón, éste género musical que atrae a gran cantidad de adolescentes tiene un marcado contenido sexual, cosifica a la mujer y la expone como esclava para satisfacer apetitos sensuales, incitan a la droga y a la violencia. Los jóvenes nos dirán: “es sólo música, no quiere decir que hagamos lo mismo”. Pero basta ver como se mueven al ritmo de estos bailes para comprender la influencia que tiene en ellos. Tratan así de buscar emociones que no pasan en su vida cotidiana, reafirmando su personalidad y tratando de buscar confianza y autoestima identificándose con líderes que trasmiten antivalores y venden sexo y adicciones. Así van conformando su conducta, valores e identidad. Y es tal el poder de la música que está comprobado que puede afectar a la propia conducta.

Además este tipo de ritmo hace que la letra sea fácil de recordar y quede grabada en la memoria de quienes la consumen. O aún en quienes no la consumimos, ¿es que nunca les ha pasado escuchar algún estribillo y después sorprenderse cantándolo casi sin darse cuenta? Y todo esto deja profundas huellas.

Por si fuera poco, la forma en que se baila se denomina perreo, incitando a su pareja con movimientos de contenido sexual y sumisión. Esto produce una alta erotización y excitación en quienes la bailan, principalmente en los jóvenes.

No es que nuestros hijos tengan que vivir aislados, ajenos a lo que sucede en su entorno, pero no deberíamos ser sus padres, los que por un lado queremos formarlos en valores, tratando de enseñarles el verdadero significado del amor y por otro lado les fomentamos el acceso a música y bailes que transmiten todo lo contrario a lo que queremos para ellos.

Ayudémoslos a formar su propio criterio, a que sean capaces de pensar por sí mismos y no en masas, pero principalmente mostrémosles que en sus casa también se vive lo que se les enseña, desde que son pequeños hasta el día en que se marchen para formar sus propias familias y transmitir esos mismos valores.

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