«Mujer… eres el corazón del hogar, la educadora de la familia, en tus manos está la formación del futuro de la ociedad…».

¡Cuánto se nos pide o se espera de nosotras las mujeres!

Sabemos de nuestro valor y de nuestra original misión femenina en el mundo, ¿Pero podremos tanto en medio de una sociedad que pareciera encargarse de forjar justamente lo contrario?

Innumerables son las amenazas del mundo y de la sociedad que atentan contra la educación de la feminidad incitando a confundirla con el feminismo, ideología nociva y degradante que se esfuerza en hacernos caer en su trampa revestida de amparo de la mujer y de lucha por sus derechos. mujer con flores

¡Pero somos más inteligentes que eso! Podemos discernir con nuestras capacidades, intuición y habilidades emocionales entre lo que nos es propio por naturaleza y lo que las corrientes ideológicas pretenden hacer de nosotras…

Eso sí.. ¡¡¡alerta máxima!!!

Porque como toda corriente masificadora, está arrastrando más congéneres de las convenientes para seguir asegurando la impronta fundamental del corazón femenino en el mundo y en la humanidad.

Nos amenazan proponiéndonos como objetos de placer y consumo; erotizando el ambiente con nuestras imágenes; motivándonos a idolatrar nuestra autonomía, libertad e independencia del compañero varón; desvalorizando nuestra vocación natural e inherente a nuestra condición femenina de dar y de entregarnos al servicio de los demás, a sacrificarnos por el desvalido, enfermo o sufriente de soledad, sean nuestros hijos o hijos de la vida o de la profesión; fomentando y sustentando nuestro éxito en la sociedad de la mano de la figura, el poder alcanzado o la fama mediática; invitándonos al uso defectuoso y desproporcionado de nuestros tiempos con las consecuentes heridas personales, familiares y en definitiva en detrimento de la sociedad en su conjunto.

¿Cómo podemos enfrentar este desafío que se ha instalado en nuestro tiempo y nos tiene a nosotras cómo protagonistas y supuestamente, agentes del cambio tan esperado, para formar «hombres nuevos para una sociedad nueva?».

Algunas herramientas y recursos:

Autoconocimiento…. instrospección, tiempo para conocernos, para pensarnos, para meditar nuestro proyecto de vida.

Autoeducación…. esfuerzo sostenido en hacer de nuestra cotidianeidad lo mas parecido al modelo de mujer que la naturaleza sencilla y sabia nos propone.

Firmeza en los valores que elijamos para vivir, para trascender nuestra vida terrena, esos que nos hacen «mujeres fuertes, dignas, sencillas, bondadosas»… que van por la vida sembrándolos a su paso.

Testimonio de una vida noble…. buscar esos valores, elegirlos, observarlos, imitarlos, encarnarlos con la convicción de que ellos harán de nosotras un transparente forjador de acciones y actitudes enaltecedoras de la persona, de nosotras mismas y de quienes la vida ponga a nuestro lado.

Ternura en el trato y firmeza en las convicciones innegociables…. las mujeres somos capaces de tejer redes de vínculos estables  y contenedores; la ternura maternal que es de esencia femenina (aún sin tener hijos), educa la afectividad del varón, lo eleva con su don y vocación de darse íntegramente a aquel que lleva en su corazón.

Y para quienes tenemos en Dios puesta nuestra mirada y nuestro anhelo, la oración y el cultivo del espíritu son las herramientas y seguros predilectos; tenemos a María como modelo de Mujer y en sus virtudes los caminos a seguir.

¡Es tan lindo ser mujer! ¡Es tan grandiosa nuestra misión!

Contagiemos a nuestras niñas, adolescentes y jóvenes con la alegría de serlo, de enamorarse del don de la vida que conlleva en su ser femenino, animémoslas a descubrir la maravilla y los alcances de su sexualidad femenina, la plenitud de ser esencialmente mujer por el bien del mundo y el bienestar de la humanidad entera.

Silvina Lastra de Viñas

 

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