En ocasiones escucho a los papás decirme con alegría que disfrutan estar con sus hijos e hijas, compartir tiempo con ellos, ir a los actos del colegio y verlos interpretar los papeles de su vida, estar en los festejos de sus cumpleaños, organizar paseos, hacer deportes y encargarse de llevarlos y traerlos de sus tantas otras actividades.

Es evidente que el cambio del paradigma que se refiere a la función paterna en el mundo de hoy, debida en parte al nuevo lugar que ocupa la mujer en la familia, le da la posibilidad de adaptarse y vivir la paternidad implicando a fondo su vida y no sólo como proveedor. Esto conlleva la conciliación de las labores hogareñas de los esposos que deben acomodar sus horarios laborales a sus tareas de padres y madres

Todo esto está muy bien y muchas veces se hacen evidentes los esfuerzos de tantos matrimonios por hacerlo de la mejor manera posible, tratando de encontrar ese equilibrio que les permite establecer las prioridades y poder llevar a cabo ese plan familiar que sin dudas es pensado como un proyecto de vida.

Además del rol de proveedor que tradicionalmente conlleva, porque, aunque a muchas o muchos les pese, está en la naturaleza masculina el cuidado y protección de su prole, esto incluye la alimentación y el abrigo o vestido; esta naturaleza protectora también se traduce en la seguridad y confianza que el padre trasmite a los hijos. Es él quien aplica en el ámbito familiar las reglas sociales de conducta, administra la justicia e indica el camino a seguir. Ama al hijo en sí mismo y goza viéndolo crecer en libertad, desarrollando una sensibilidad hacia el niño y el joven en general, hacia sus problemas y necesidades, no sólo biológicas, sino sobre todo psicológicas y afectivas, pero a la vez les da a un esquema de conducta con propuestas concretas, poniendo los límites; no en vano muchos de nosotros hemos escuchado a nuestras madres decir: vas a ver cuando llegue tu padre… Esto es así por naturaleza y fue así desde hace muchos siglos.

Así mismo, si bien es mamá la que durante los dos primeros años pasa la mayor parte del tiempo con sus hijos e hijas, satisfaciendo necesidades primarias, el papel de papá es primordial, ya que sus caricias, besos y los primeros juegos dejan una impronta determinante en el desarrollo neurológico y afectivo de los hijos. Pero aún más importante es esa figura paterna que sobre todo a partir de los dos años se reafirma imponiéndose con firmeza, transmitiendo límites, disciplina y valores con ternura, pero coherentemente.

Por otro lado, también vemos cada vez más, que se producen desajustes que desorientan no sólo a los hijos, sino también al padre, donde su rol tradicionalmente aceptado y considerado como tal se ve desdibujado y en ocasiones minimizado. En este caso, este padre de familia que intenta ubicase dentro de este nuevo esquema familiar no logra hacerlo, no encuentra el apoyo de su compañera por un lado, no sabe cómo cumplir su papel de padre y papá, y más que transmitir la autoridad y ternura que es clave para sus hijos, se convierte en el amigo piola que siempre está, sí, pero desdibujado o en un papel equivocado que no alcanza a cubrir las necesidades que debería.

Este cambio en su actuación actual que tiene muchos aspectos positivos, ha logrado, en ocasiones, que el padre deje de tener la autoridad que le compete para pasar a ser un par que ocasionalmente da algún consejo canchero, que el tiempo que pasa con sus hijos sea exclusivamente de juego vacío y ausente de la transmisión de valores y confianza que los hijos esperan; esto no puede dejar de marcar a toda una generación que se va sintiendo abandonada ante la ausencia de aquel que no puede ser reemplazado por ninguna otra persona.

Así nos encontramos con niños y niñas indefensos, que no encuentran esa imagen fuerte que necesitan, que les ponga los límites con firmeza y ternura a la vez, que les muestre lo maravilloso que es enfrentarse al mundo, con cautela pero sin temor. No se ven reflejados en la persona que debería trasmitirles los valores necesarios para vivir rectamente y haciendo uso responsable y pleno de la libertad.

Estos padres amiguistas que no saben decir no, muchas veces porque en el fondo se conocen faltantes del tiempo y dedicación hacia las personas más importantes de su vida, no alcanzan a comprender el gran daño que implica esta ausencia en su vida.

Tan pero tan importante es esta figura de autoridad en los niños, que su falta puede provocar desarreglos emocionales severos en la financia y en la adolescencia, fracasos escolares, dificultades cognitivas y en ocasiones hasta psicopatologías asociadas con el aumento de alcohol y sustancias toxicas, llegando incluso, según estudios recientes a aumentar los niveles de conductas delictivas.

No olviden papás, que su figura es preponderante en casa. Los límites y la autoridad si bien son compartidos, constituyen el papel esencial de su rol de padres. La transmisión de valores como la ética y moral, el uso de la libertad responsable, la obediencia a las reglas, la lealtad, entre otros, se transmiten a través de su ejemplo y disciplina que no por ser firme tiene que dejar de ser amorosa. No abandonemos a nuestros hijos, ellos los necesitan tanto como a mamá. ¿Amigos? Ya los tienen o los tendrán si ustedes saben cumplir el rol que viene implícito desde el momento en que se convirtieron en padres.

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Visit Us On Facebook