Realmente conocemos a nuestros hijos?
Nos tomamos el tiempo no sólo para estar y conversar con ellos, sino también para observarlos?

La observación es una herramienta muy poderosa, nos permitirá conocer sus fortalezas y debilidades, sus inclinaciones, sus gustos y preferencias, sus miedos y las actitudes que estos producen.

No dejemos de mirarlos en silencio. Cuando no nos ven, cuando estamos a su lado, de cerca, de lejos, cuando estudian, cuando juegan, cuando cumplen sus rutinas.

Pero sobre todo cuando duermen… Ese momento mágico donde podemos reflexionar mirando sus caritas tranquilas, sobre nuestra labor de padres y madres, podemos plantearnos nuevos propósitos, podemos pensar profundamente en todo lo que nos dan y en todo lo que necesitan. Pero sobre todo ese momento íntimo entre nosotros, ellos y Dios, donde podemos ponerlos en sus divinas manos y pedirle a nuestra Madre Santísima que los proteja y que nos ayude a ser cada día mejores personas para así ser mejores padres.

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