A veces me encuentro con mamás con niños pequeños, que cuando te miran con cara de pocos amigos y a modo de saludo expresan un gruñido poco amistoso, si es que se dignan a mírame, por supuesto…. Pero si eso me llama la atención, todavía más me asombra cuando su mamá justifica a su encanto diciendo: “es que es tímido” … no señora, me dan ganas de decirle, su hijo no es tímido, es maleducado. La timidez no tiene nada que ver con educar. Un niño tímido saluda, se sonroja, sonríe con vergüenza, aunque no se le obligue a dar un beso, y así de a poco, irá venciendo ese aspecto de su personalidad que, de no ser así, dará paso a situaciones más invalidantes en las relaciones con sus pares, ni que decir con el sexo opuesto al inicio de la pubertad.

Las habilidades sociales también deben formar parte de la educacadolescente presion sexualión que se da en casa, sobre todo hoy, cuando la tecnología parece llevarse por delante las pautas básicas de relación entre seres humanos: mirar a los ojos en una conversación, respetar los turnos en el habla, escuchar atentamente lo que me dicen, llamar por teléfono si quiero invitar a alguien a mi casa, solicitar ayuda frente a frente si tengo un problema, jugar un juego de mesa interactuando con los otros participantes en la vida real, pedir permiso, dar las gracias, sonreír, saludar al llegar y despedirme al salir.

Estas habilidades básicas que hacen a la relación entre las personas se han ido perdiendo de tal manera que entrar a un aula y tomar lista mirando a los ojos a cada alumno, a veces les parece intimidatorio, saludar al chofer del colectivo al subir, devuelve una mirada de desconfianza, sonreír a la señorita que te vende el pan parece ponerla incómoda, llamar a la casa de alguien para invitarlo a la nuestra, resulta desubicado, decir buenas tardes al vecino de enfrente cuando se baja del auto aparenta un ataque al espacio personal… o incluso, cuando alguien quiere confiarte algo importante, no lo puede hacer personalmente, sino a través de las letras en una pantalla.

¿Qué le estamos enseñando a nuestros hijos? ¿Qué va a ser de esos momentos maravillosos que nosotros vivimos, cuando pasábamos horas hablando por teléfono con quien te gustaba, sentados en el piso y no queríamos cortar nunca? ¿O cuando en vez de mandarte un mensaje de WhatsApp avisando estoy afuera, quien te buscaba se tenía que bajar del auto y pasar el momento tan difícil pero tan rico para su formación como persona, de tocar el timbre, mirar a los ojos al padre y saludar con un fuerte apretón de manos? Nos asombramos de que los jóvenes toman alcohol a edades cada vez más temprana, pero ellos mismos dicen que ese es el único modo por el que toman coraje para hablar con una chica o un chico que les gusta, ya que, de otra manera, no saben ni de qué hablar….
Depende de nosotros enseñar a nuestros hijos las herramientas que los ayudarán a relacionarse entre ellos mismos de manera más humana, genuina y asertiva. Los primeros años son cruciales para ello, pero claro… en primer lugar necesitan de nuestro ejemplo… ¿Cómo lo estamos haciendo?

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